Ella

Hoy te soñé.
De nuevo.
Como ayer.
Como hace una semana.
No paro de soñarte.

Me encantaría poder afirmar
sin titubear un segundo
que no tengo miedo
de que lo nuestro
se quede
solo
en sueños.

Me encantaría poder decirte
que no dudo en lo más mínimo
de que tus promesas
no estén muertas
en el fondo
de nuestro mar
de memorias.

Me encantaría ser tan valiente
como intento hacerte creer que soy
al jurarte que te espero
a corazón abierto
para que me reanimes
los latidos
operándome a besos.

Sinceramente, y aunque admitirlo me joda mucho,
aunque me duela en mi honor y mi orgullo
y me destruya el amor propio que tanto presumo cosechar,
me encantaría ser ella.

Me encantaría ser ella,
la que se duerme entre tus brazos sabiendo
que vas a estar ahi cuando despierte
y no la que te sueña robando minutos a la noche
porque una vez que abra los ojos, no podrá ni por asomo verte.

Me encantaría ser ella,
la que no se vale de promesa alguna
porque te tiene todos los días como garantía
y no la que para no bajar los brazos
necesita a diario en su cabeza repetirlas.

Me encantaría,
dios, me fascinaría ser ella.
Me fascinaría no tener que llegar al quirófano
para que te preocupen mis pulsaciones.
Me fascinaría ser tu paciente predilecta
y que rutinariamente me hagas revisiones.
Me fascinaría irme del consultorio
no con un caramelo, sino con nuestro amor en mano.
Que no tuviera ni que ir al hospital a reclamarte,
que fueras mi médico privado.

Me encantaría ser ella,
porque ella no debe vivir viendo
como su historia se va pudriendo
y se la comen los gusanos del pasado.
Ella no debe bailar en las sombras
ni contentarse con las sobras
ni rogar por una migaja de tu añoranza.

Me encantaría ser ella
y no a la que tuviste que renunciar,
ser la que gana la carrera
y no la que se queda a la mitad.
Ser la que te espera en la meta
y no de la que te alejás en la línea inicial,
ser la que el premio se lleva
y no la que lo tiene que entregar.

Me encantaría ser ella
porque debe tener mil y una razones para respirar
mientras que yo tengo solo una (nuestro reencuentro)
y luego mil motivos para que se me tape la arteria pulmonar.
Porque no habla de vos en pretérito imperfecto,
sino en futuro y en presente,
y en su diccionario, tu nombre
es sinónimo de "mi pretendiente".

Aún no acabo de entenderlo;
¿cómo es que entró ella al juego?
¿en qué momento agregamos otra pieza
y me hiciste jaque mate ségun tus nuevas reglas?
¿Por qué se vinieron a pique mis acciones
e invertiste en otra empresa de pasiones?
No se si algun día lo voy a comprender,
pero esto es todo lo que yo sé:
ahora
somos
tres.

Y si entre dos ya nos costaba hacer girar la ruleta,
entre tres no llegamos ni a la mesa de apuestas.
Si estando solitos el bote ya andaba a tambaleos,
entre tres se nos da vuelta antes de que cazemos el remo.
Si siendo vos y yo este amor era complicado,
entre tres es casi inútil intentar repararlo.

Cómo quisiera ser ella,
porque no sabe lo que se sufre en mis calles;
cómo el tránsito anda frenado
y las emociones están de paro,
cómo se vació de turistas
y el presidente no aparece ni en revistas.

Desearía ser ella un día
para tomarme un descanso del infierno;
recordar cómo es el paraíso
y con una sola lección de tu cariño
sacar licencia de vuelo
y aterrizar sobre tu cuerpo.

Me encantaría, me fascinaría,
cómo quisiera ser ella.
Porque no tiene ni la más mínima idea
de lo que está pasando en Ciudad Paralela.
No conoce mi existencia, ni le importaría.
No descubrió mis huellas, ni las buscaría.
No le cambia nada que yo sufra, que yo ría,
que me mate la angustia o que hierva de ira,
que te haga reclamos o las dudas me coman viva,
que te extrañe en silencio o te escriba poesías.

Me encantaría ser ella,
la que está viviendo un sueño
y no la que sueña una vida.

En mi vida (la que sueño)
ella nunca apareció.
Nuestras venas se unieron
unificándonos en un corazón
que bombea amor a todo el cuerpo
y nos hace vibrar bajo la misma palpitación.
En esa vida paralela,
en un mundo paralelo,
tras una secuencia paralela
con efectos paralelos,
vos y yo dormimos juntos este sueño;
nos comemos para el desayuno (y la cena no se resiente),
nos perdemos en miradas que frenan el tiempo
y así nos queda tiempo para estudiarnos meticulosamente.
Nos recorrimos nuestras ciudades enteras,
y sacamos pasajes para irnos al Oriente;
nos subimos a un cohete que nos llevó a las estrellas
y agregamos las nuestras, para poder vernos siempre;
aun estando a años luz de distancia.

Dejémoslo en lo más simple:
soñé que me sonreías.

Y pensar que ella ve esa cosa divina todos los días.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sola

El Show

Sobre Ojos Y Otras Adicciones