Límites
La que se lanzaba al océano sin salvavidas. La que se tiraba del avión sin paracaídas. La que exploraba la selva sin mapas. La que apostaba aunque no le quedara ya nada. La que se entregaba en su entereza: Su tiempo, su corazón, todas sus fuerzas. Esa, la que te cantaba cuando necesitabas aliento. La que escuchaba las palabras que dejabas en el viento. La que te abrazaba cuando te llovían los párpados. La que en tus victorias te aclamaba con aplausos. La que te ayudaba a alimentar tus sueños. La que nunca se rendía en el juego. La que teñía tus días de amor y contención. La que nunca te abandonaba a tu suerte en el eterno laberinto de tu confusión. Esa. Sí, esa. Esa se fue . Esa ya no está. Esa murió. Como las confesiones de un borracho en la madrugada, Como el amor de una noche en la mañana, Como el reloj que se rompió porque se acabó su tiempo. Se murió. Se mató. Se apuntó con la r...