Labios Secos
Olvidarte.
Pasarme el día
recordándome
que tengo que olvidarte.
Pasarme noches
desvelada
por el vacío que dejaste.
Pasarme la vida
preguntándome
qué estarás haciendo
y si de casualidad
alguna vez pensarás en mí.
Aunque sea un momento.
Siento los labios secos
de tanto esperar tus besos
y las manos frías
de tanto desear tu compañía.
Llevo el corazón
cubierto de telarañas
cual casa abandonada,
aguardando tu regreso.
Cargo en mi cuerpo
todas tus caricias
que no cicatrizan
porque yo no las dejo.
Será que vivo con los ojos cerrados,
porque creo que te soñé tanto
que ya te veo en todos lados.
Te veo en cada colectivo que aunque lo corra se escapa,
te veo en cada botella de birra que termino,
te veo en cada frío que entra por la rendija de la ventana,
Te veo en cada silencio, en cada suspiro.
Te veo en cada estrella en la noche
como así también en su oscuridad,
te veo en cada historia que nace
y a su vez en su final.
Te veo en cada abrazo que no recibo,
porque dármelo te correspondería a vos.
Te veo en cada sonrisa de un desconocido,
que es como todo esto empezó.
Te veo en todo momento que transito
Y en todos los momentos que no son también,
en las cosas que brillan por su ausencia
y en las que lastiman por sí acontecer.
Estás en todo;
en todo lo que falta,
en todo lo que es lejano,
en todo lo que se va.
A veces te dibujo en mi cabeza
entrando por la puerta
mirándome así, como me mirabas vos.
Abrís tus brazos y me abalanzo
y ya no existe, no puede existir el dolor.
A veces, justo antes de dormirme,
pido que tu amor venga a cubrirme
para soportar la mortal helada
que causa nuestra distancia
y casi, casi siento tu respiración en mi espalda.
A veces, cuando escucho una canción
la grito con todas mis fuerzas en el alma,
esperando que mi voz resuene en tus entrañas
Y sientas,
de alguna forma mística,
que estoy.
¿Lo sentís?
Estoy.
No me ves, pero estoy.
Aunque huyas de mí,
aunque te intentes reprimir,
aunque empaques tus cosas
y te mudes a Marte,
a donde sea que vayas
tus recuerdos van a acompañarte.
Aunque busques tu felicidad
en el calor de alguien más,
sólo yo sé amar
de la forma en que yo amo;
sólo yo prendo el fuego
de la forma que te encendió,
de la forma que nos incendió.
Aunque quieras evitar que todo se derrumbe,
sos vos el que levanta el pico contra los ladrillos que apilamos
y los destruye
para que no
se destruyan.
Para que no mueran tus emociones,
las sepultás vivas.
Para no perderte en mi jungla,
te lanzás al desierto.
Para que no me canse de vos,
me condenás
a despertarme
cada día
en la pesadilla
de no tenerte.
Estoy.
Aunque luches contra vos mismo,
yo sigo luchando por vos.
Aunque te obligues a no pensarme,
yo nos pienso por los dos.
Aunque te amen otros ojos,
no alcanzan a ver tu corazón
porque lo custodia otra persona
y esa persona soy yo.
Olvidarte.
¿Olvidarte?
Yo no puedo.
Yo no quiero.
Yo me niego.
Yo me quedo
a pelear
por nuestro amor.
Yo me quedo
hasta que los brazos
se me mueran
de tanto esperar
a que te envuelvas
en ellos.
Yo me paro
de pie ante el infierno
hasta quemarme viva
con las brasas
de esta pasión prohibida
o que me salve tu afecto.
Yo le rezo
a mis convicciones
que resistan
un poco más
hasta que de una vez me elijas
y encontremos nuestra paz.
Olvidarte,
eso no va a pasar.
Tenemos asuntos pendientes,
cuentas que quedaron por saldar.
Olvidarte,
dije yo jamás,
porque si algo me enseñó la vida
es que a los sueños
no hay
que dejarlos
marchar.
Y yo sueño con que mis labios
algun día te vuelvan a encontrar,
con que mis espasmódicas manos
con las tuyas se vuelvan a entralazar,
con que mi corazón se convierta en tu hogar
y tus caricias en mi piel termines de tatuar.
Que no haya más botellas vacías
ni viento colándose por rendijas
ni estrellas apagándose de a poco
ni novelas desperdiciadas en cuentos cortos.
Brindo por mis sueños
y porque los hagas tuyos
y que así no sea en vano
el pacto con el diablo
que hice algún dia
buscando el edén en tus pupilas
y que me castigó sin piedad
a quererte toda la eternidad.
Siento los labios secos,
pero nunca tan secos
como para dejar de pronunciarte
cada vez que me bato a duelo
por conseguirnos una chance
de evaporar
nuestros miedos
en el aire
y juntos
tocar
el cielo.
Pasarme el día
recordándome
que tengo que olvidarte.
Pasarme noches
desvelada
por el vacío que dejaste.
Pasarme la vida
preguntándome
qué estarás haciendo
y si de casualidad
alguna vez pensarás en mí.
Aunque sea un momento.
Siento los labios secos
de tanto esperar tus besos
y las manos frías
de tanto desear tu compañía.
Llevo el corazón
cubierto de telarañas
cual casa abandonada,
aguardando tu regreso.
Cargo en mi cuerpo
todas tus caricias
que no cicatrizan
porque yo no las dejo.
Será que vivo con los ojos cerrados,
porque creo que te soñé tanto
que ya te veo en todos lados.
Te veo en cada colectivo que aunque lo corra se escapa,
te veo en cada botella de birra que termino,
te veo en cada frío que entra por la rendija de la ventana,
Te veo en cada silencio, en cada suspiro.
Te veo en cada estrella en la noche
como así también en su oscuridad,
te veo en cada historia que nace
y a su vez en su final.
Te veo en cada abrazo que no recibo,
porque dármelo te correspondería a vos.
Te veo en cada sonrisa de un desconocido,
que es como todo esto empezó.
Te veo en todo momento que transito
Y en todos los momentos que no son también,
en las cosas que brillan por su ausencia
y en las que lastiman por sí acontecer.
Estás en todo;
en todo lo que falta,
en todo lo que es lejano,
en todo lo que se va.
A veces te dibujo en mi cabeza
entrando por la puerta
mirándome así, como me mirabas vos.
Abrís tus brazos y me abalanzo
y ya no existe, no puede existir el dolor.
A veces, justo antes de dormirme,
pido que tu amor venga a cubrirme
para soportar la mortal helada
que causa nuestra distancia
y casi, casi siento tu respiración en mi espalda.
A veces, cuando escucho una canción
la grito con todas mis fuerzas en el alma,
esperando que mi voz resuene en tus entrañas
Y sientas,
de alguna forma mística,
que estoy.
¿Lo sentís?
Estoy.
No me ves, pero estoy.
Aunque huyas de mí,
aunque te intentes reprimir,
aunque empaques tus cosas
y te mudes a Marte,
a donde sea que vayas
tus recuerdos van a acompañarte.
Aunque busques tu felicidad
en el calor de alguien más,
sólo yo sé amar
de la forma en que yo amo;
sólo yo prendo el fuego
de la forma que te encendió,
de la forma que nos incendió.
Aunque quieras evitar que todo se derrumbe,
sos vos el que levanta el pico contra los ladrillos que apilamos
y los destruye
para que no
se destruyan.
Para que no mueran tus emociones,
las sepultás vivas.
Para no perderte en mi jungla,
te lanzás al desierto.
Para que no me canse de vos,
me condenás
a despertarme
cada día
en la pesadilla
de no tenerte.
Estoy.
Aunque luches contra vos mismo,
yo sigo luchando por vos.
Aunque te obligues a no pensarme,
yo nos pienso por los dos.
Aunque te amen otros ojos,
no alcanzan a ver tu corazón
porque lo custodia otra persona
y esa persona soy yo.
Olvidarte.
¿Olvidarte?
Yo no puedo.
Yo no quiero.
Yo me niego.
Yo me quedo
a pelear
por nuestro amor.
Yo me quedo
hasta que los brazos
se me mueran
de tanto esperar
a que te envuelvas
en ellos.
Yo me paro
de pie ante el infierno
hasta quemarme viva
con las brasas
de esta pasión prohibida
o que me salve tu afecto.
Yo le rezo
a mis convicciones
que resistan
un poco más
hasta que de una vez me elijas
y encontremos nuestra paz.
Olvidarte,
eso no va a pasar.
Tenemos asuntos pendientes,
cuentas que quedaron por saldar.
Olvidarte,
dije yo jamás,
porque si algo me enseñó la vida
es que a los sueños
no hay
que dejarlos
marchar.
Y yo sueño con que mis labios
algun día te vuelvan a encontrar,
con que mis espasmódicas manos
con las tuyas se vuelvan a entralazar,
con que mi corazón se convierta en tu hogar
y tus caricias en mi piel termines de tatuar.
Que no haya más botellas vacías
ni viento colándose por rendijas
ni estrellas apagándose de a poco
ni novelas desperdiciadas en cuentos cortos.
Brindo por mis sueños
y porque los hagas tuyos
y que así no sea en vano
el pacto con el diablo
que hice algún dia
buscando el edén en tus pupilas
y que me castigó sin piedad
a quererte toda la eternidad.
Siento los labios secos,
pero nunca tan secos
como para dejar de pronunciarte
cada vez que me bato a duelo
por conseguirnos una chance
de evaporar
nuestros miedos
en el aire
y juntos
tocar
el cielo.
Hermoso!!sos increíblemente talentosa
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