Insomnio

     Insomnio. Recuerdos tuyos que revivo en mi cabeza una y otra vez. Tu voz, tu sonrisa, la suavidad de tu piel, todo pasa por mi mente en secuencias a veces ordenadas y otras desordenadas, imágenes que llevo tatuadas en mi corazón.

     Y vos diciendo que soy todo un misterio. "¿Qué pensás?" "¿Qué sentís?" "¿Me lo vas a decir ahora o lo voy a leer en una semana?". Quisiera poder decirte todo, pero algo que flota en el aire me deja muda. Y yo sé muy bien qué es.
     
     Aún así, si hubiera podido responderte, si alguna palabra hubiese podido brotar de mi boca, si no me hubiera ganado la timidez, la ansiedad, el miedo a lo desconocido... ¿qué te habría dicho?

     ¿Habría dicho que me volvés loca? ¿Habría reconocido que mi cabeza estaba a punto de explotar en una lluvia de placer? ¿Te habría mostrado cómo los latidos de mi corazón se desbocaban? Aunque no pude decirlo, porque en el fondo soy frágil y temía tu reacción, lo único que yo quería era congelar ese momento. Ese momento perfecto donde sólo eramos vos y yo, encerrados en nuestros sentires, entrelazando nuestros cuerpos, nuestras almas, nuestras vidas. Ese momento ajeno a todo el mal que nos rodea, un momento de esperanza, de gloria, un momento de luz. Un momento hermoso, por cierto divino, que vivirá en mí por siempre. ¿Te habría comentado que en tus ojos vi un mundo en el que ansío adentrarme hasta el final? ¿Te habría pedido que no pararas, que me abrazaras un poco más fuerte, que me besaras hasta arrancarme mi último aliento? ¿Habría admitido nunca haberme sentido como me hiciste sentir? ¿Habría declarado que quería estar así toda la eternidad? ¿Habría dicho que nuestra unión merecía ser infinita, inmortal, durar por los tiempos de los tiempos? 

     En esa habitación pequeña, silenciosa y oscura donde dicotómicamente rebalsaba la pasión, nuestros corazones cantaban y emanábamos un resplandor más brillante que el Sol, ¿te habría confesado que te amo?

     Ocurre que, al fin y al cabo, eso es lo único que pude decir. Te amo. Todavía le doy vueltas, sola en mi cama a las tres de la mañana, ya días más tarde. Lo dijiste y lo dije y todo fue como de película. Aún puedo escuchar, como juro que en ese instante oí en mi cabeza, la canción más gloriosa, el sonar de un coro de ángeles retumbando por todo mi cuerpo. Puedo apreciar esa magia entre tus labios y los míos, puedo oler tu perfume y escuchar tu voz rebosante de felicidad, puedo sentir tus manos sobre mi piel sosteniéndola como si no quisieran que me fuera nunca. Puedo acordarme de la sonrisa que se dibujó en tu rostro al saber que nos correspondíamos. Puedo sentirte corriendo por mis venas.

     "¿Sabés lo que es esto no?"

     Sí. Pude percibir ese amor en todos y cada uno de sus estados vibrando en torno a nosotros. Lo siento incluso ahora tan a flor de piel que no me deja dormir, y sé tanto como me conozco a mí misma que esto es algo que solo puede crecer. 

Porque yo ya caí en tu hechizo. 

Y porque creo, humildemente, que vos en el mío también. 

Nuestro amor me quita el sueño, y de eso ya no hay vuelta atrás.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Sola

El Show

Sobre Ojos Y Otras Adicciones